El largo vuelo del Gran Torino (1ª Parte)

Finalizando la década de 1930, el continente europeo iba a comenzar una de las etapas más convulsas de toda su historia con el estallido de la II Guerra Mundial, cuyo fin no llegaría hasta seis años más tarde. Por su parte, Italia, aún bajo la dictadura de Benito Mussolini, tomaría parte en el conflicto, dentro de las tropas del “Eje”, como uno de los principales aliados de la Alemania Nazi.

En el plano futbolístico, la Selección Italiana venía de ganar los dos últimos campeonatos mundiales: el de 1934, celebrado en su país y conquistado de forma bastante injusta gracias a alguna que otra colaboración arbitral, fue el típico acontecimiento deportivo de propaganda política, en este caso para mayor gloria y exaltación del Fascismo, por aquel entonces, al mando de la nación. Cuatro años más tarde, en el Mundial de Francia de 1938, Italia revalidaría su título de campeón del mundo, en el que sería el último campeonato mundial de fútbol en doce años.

Ferruccio Novo y Pino Grezar. Foto: http://forzaitalianfootball.com

Ferruccio Novo y Pino Grezar. Foto: http://forzaitalianfootball.com

Bajo este panorama, el turinés Feruccio Novo se hace cargo, en el año 1939, de la presidencia del AC. Torino, club cuyo palmarés ascendía entonces a un Scudetto (Temporada 1927-28) y una Copa de Italia (Temporada 1935-36). Desde ese momento, Novo comenzará a inspirarse en la organización de los equipos ingleses y contará con la inestimable ayuda del seleccionador nacional, conquistador de los dos últimos campeonatos del mundo, Vittorio Pozzo, a la sazón también turinés y exjugador del equipo, para empezar a construir los cimientos de una escuadra campeona.

La forja de un gran equipo
En las dos primeras temporadas de Ferruccio Novo como presidente turinista, los resultados del equipo no son precisamente espectaculares, finalizando sucesivamente en sexto y séptimo lugar de la clasificación. Sin embargo, al finalizar la campaña de 1940-41, el exjugador y exentrenador granate Antonio Janni, en esa época entrenador del Varese, aconseja a Novo el fichaje del atacante Franco Ossola un chico de dieciocho años al que el club turinés adquirirá por una modesta cifra, y que supondrá la primera piedra en la construcción de lo que se conocerá como Il Grande Torino.

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A continuación van llegando Romeo Menti, procedente de la Fiorentina; el campeón del mundo con la Selección Italiana Pietro Ferraris, del Inter de Milán; y del máximo rival, la Juventus, tres jugadores: el portero Bodoira y dos delanteros centros (Felice Borel y Guglielmo Gabetto). En el caso de Borel, molestias en la rodilla le obligarán a retirarse en esa misma temporada, aunque pasará a convertirse en parte importante del cuerpo técnico, siendo el ideólogo del sistema de juego a seguir…

… Y resulta que el sistema funciona. Tanto es así que, a tres jornadas de la finalización del campeonato, el Torino es líder en la clasificación. Sin embargo, los turineses no pudieron salvar un último escollo al perder en su enfrentamiento con el Venezia de Ezio Loik y Valentino Mazzola, cediendo así la cabeza en la tabla clasificatoria a la Roma, que sería quien finalmente se alzase con el Scudetto.

Dolido por aquella derrota que había costado a la escuadra turinesa la conquista del título liguero, Novo se hace con el fichaje de las dos estrellas venecianas, anticipándose, de paso, a la Juventus, que también los pretendía. Además, también se incorporaría a la plantilla Giuseppe Grezar. Así, estos tres jugadores serán claves para que, finalmente, el Torino se haga con el campeonato liguero y la Copa de Italia al término de la temporada 1942-43.

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Durante los dos años siguientes, las vicisitudes de la guerra obligarían al cese de todas las competiciones deportivas. El presidente turinés conseguirá un contrato con la FIAT, por el que todos sus hombres sean empleados, librándolos así del campo de batalla y creando, a su vez, un clima de “hermanamiento” entre sus jugadores que siempre los acompañará desde entonces. Llegará incluso más lejos, ocupándose también de que sus familias no llegasen a pasar hambre, lo cual se traducirá, finalizada la contienda, en una total fidelidad de la plantilla a los colores del “Toro”, así como absoluta devoción a su presidente; de hecho, el propio Mazzola impondrá a su segundo hijo el nombre de Ferruccio.

El año 1945 marca el final de la II Guerra Mundial y el regreso de las competiciones deportivas. El presidente Novo prepara la nueva temporada y se producen nuevas incorporaciones al club granate, con la llegada del guardameta Valerio Bacigalupo, Aldo Ballarin, Eusebio Castigliano, Mario Rigamonti y Virgilio Maroso. A partir de ahora, la maquinaria del Gran Torino comienza a funcionar a toda velocidad, estableciendo un antes y un después en la historia del fútbol italiano y mundial.

@eminegrillo

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