De amor y fútbol

De Amor Y Fútbol

Ese tres de Mayo era domingo, y, como casi todos los domingos tocaba partido. Era una de las citas obligadas para Lucas y su amigo Cristobal. Jugaban el Celta y el Deportivo de la Coruña, un derby en Segunda División, con mucho que decidir en la lucha por la fase de promoción en la que estaban inmersos con el Valencia, el Logroñés el Español, y el Sestao, entre otros. Los de Vigo aventajaban a los herculinos en un puesto en la tabla clasificatoria, y entonces, la única forma de poder disfrutar del balompié era acudiendo al campo, o cruzando los dedos para que le tocase a tu equipo la única retransmisión que realizaba la TVE. Y para eso, necesitabas que estuviese en Primera. En la máxima categoría, se acababa de conocer el castigo ejemplar a Juán Gómez “Juanito”, del Real Madrid, por el pisotón a Lothar Matthäus de Bayern, pero eso da para otro artículo.

Lucas y Cristobal jugaban juntos al fútbol, en su barrio, desde niños. El primero, admirador de Santillana, remataba todos los centros que le ponía en la misma cabeza el segundo, un pequeño Cruyff, al que idolatraba desde que su tio Carlos, fiel seguidor del Barça, le inculcó el amor por el club culé. Además de ser compañeros de juegos desde niños, eran íntimos, casi hermanos, y lo compartían casi todo. El tío de Cristobal, jugador en las categorías inferiores del Celta les había conseguido las entradas y ese Domingo iban a acudir al estadio. Era casi verano, y se presuponía un fin de semana de diversión, que incluía la Fórmula 1, donde ese domingo, un tal Ayrton Senna trataría de vencer en Ímola. Deporte, amigos, unas cañas y algo de fiesta…Pero todo iba a cambiar.

El Sábado por la tarde, salieron a pasear sobre las cinco de la tarde, bajo un sol más propio de Junio que de Mayo, que les había permitido ir ya a la playa durante un par de semanas. Esa era otra de sus aficiones favoritas. Las tardes de fin de semana, solían salir a pasear, a los recreativos y a tomar algo con la pandilla, ya que ninguno de los dos dos tenía novia en ese momento. Las chicas comenzaban a ser algo más que interesante, pero se morían de vergüenza si alguna les gustaba, y en la discoteca no se atrevían aún a acercarse a ellas y mucho menos a pedirle un baile. Pero tampoco tenían prisa.

De repente, comiendo unas pipas al lado del quiosco, Lucas casi se atraganta. Acababa de ver a la niña más bonita en la faz de la tierra. Iba acompañada por una amiga, pero no pudo ver más allá de sus ojos almendrados y su rubia melena. Su piel morena y sus vaqueros, acabaron por desmontar toda su existencia. Los ojos de ámbos se cruzaron un momento tan corto como eterno, y una sonrisa asomó por la comisura de los labios de Paula, que así se llamaba ella, y acto seguido, un pequeño cuchicheo entre ellas al otro lado de la calle termino en una carcajada. Se alejaron y los dos amigos comenzaron a hablar sobre ellas. Sabían que se llamaban Paula y Patricia, ya que las conocían de salir y tenían algunos amigos comunes, pero nunca habían intercambiado ni una sóla palabra. Patricia era morena y muy extrovertida, y formaban un perfecto compendio.

El Sábado siguió como uno más pero la cabeza de Lucas ya no pensaba en fútbol, ni automovilismo, ni motos, ni en los exámenes que llegaban. Sólo quería que llegase el Domingo. Toda la noche sin poder dormir, y buscando la forma de no fallar a su amigo del alma.

El Domingo, después de comer, Lucas llamó a Cristobal para decirle que no se encontraba bien y que no podría acompañarle al estadio, ante lo cual su amigo, comprensivo, le dijo que no importaba. Luego se verían, y si acaso, se darían una vuelta, o irían al cine. Sus planes eran otros muy distintos. Tenía que comprobar si la sonrisa de esa preciosa niña le atrapaba, y eso sólo se podía hacer en un sitio.

Convencido de que se encontraba mejor, y de que hacía demasiado calor para no disfrutar de una tarde festiva, Cristobal accedió a ir a la discoteca donde Lucas sabía que ellas iban todos los fines de semana. Los nervios a flor de piel, los brazos y piernas en tensión, la cabeza a mil por hora y el sudor bajo la piel esperando a surcar su frente. Allí estaba, en el centro de la pista, hermosa, preciosa, bronceada por el sol y con su hermosa sonrisa esperando que alguien tararease el “Thorn in my side” con ella. Y Lucas lo hizo, cantaron , bailaron sin decirse una palabra, pero conectados ya para siempre. No se presentaron, ni tomaron nada ese día, pero ya no habría vuelta atrás. No quedaron para el día siguiente, ni sabían cuándo se volverían a ver, pero esa tarde, en que se supone que no debería estar alli, él supo que la sonrisa y la risa de ella se correspondían con las que había soñado toda su vida.

Acabó el Domingo, y esa noche sí que pudo dormir; soñar más bien. Pero no fue hasta el Lunes que se enteró que el Celta había vencido 3-0 al Dépor en el derby, y que estaba un pasito más cerca del ascenso. Un gol en el minuto 1 del uruguayo Barboza y dos goles del gran Baltazar, brasileño, que dos años más tarde triunfaría en el Atletico de Madrid. Jesús Gil se lo “llevó” de Vigo junto con Maguregui, en una maniobra que da para una entrega de weare14.com.

Esa temporada los de Balaidos volvieron a Primera junto con el Valencia y el Logroñés, pero a Lucas no le volvió a interesar el fútbol durante una buena cantidad de años, no al menos cómo lo hacía antes. Su vida cambió el día que debía ir a ver a su equipo y no fue. Pasaron todo el verano coqueteando y saliendo con sus amigos comunes y , después de muchos intentos sacó la vergüenza de sus bolsillos y la tiró a la playa, y le pidió a Paula que fuesen novios un 20 de Septiembre de 1987. Ella accedió encantada. Y sus vidas fueron sólo una.

Hace un par de temporadas acudieron juntos a Balaidos con sus dos hijos, para disfrutar de la permanencia del Celta en la última jornada de Liga, donde se jugaban todo con, entre otros el Depor. Cosas del destino. El resto de la historia no os la puedo contar, porque es sólo suya, pero sí que quiero felicitarles por todos estos años de amor.

P.D.: El día de su boda, otro 20 de Septiembre, Cristobal les entregó en un sobre, con una felicitación, las dos entradas que no pudieron usar ese domingo, en el que los dos sabían que había algo más importante que el fútbol.

@lajugue

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