Cuando empezaron a ser héroes

En la década de los 20 del siglo pasado, en el mundo del arte y de la literatura, se prodigaron los ismos. Uno de los que más impacto tuvo fue el futurismo. Entre los principios fundamentales, de este movimiento de vanguardia fugaz y exaltado, estaban el valor, la audacia y la revolución, y se ponía el acento, entre otros temas, en la creación del héroe deportivo, perfecta expresión plástica de lo sensual, del paso gimnástico, y de la estética guerrera y agresiva.

Y es en esa época donde vemos, por primera vez, al futbolista como algo más que un simple trabajador del espectáculo que nos entretiene con su oficio.

Una de las primeras entrevistas, sino la primera, desde este nuevo prisma, fue la que realizó César M. Arconada al jugador del Real Madrid Félix Pérez Marcos (1). César María Arconada fue un escritor de la Generación del 27 especializado en crítica cinematográfica y musical, que junto a Giménez Caballero, trabajó en la Gaceta Literaria, de la que llegó a ser redactor jefe, desde 1927 a 1932, aunque luego ambos tomaron posiciones literarias y, sobre todo, ideológicas diferentes, que dieron a parar con Arconada en Moscú en 1939, lugar en el que vivió hasta su muerte en 1964.

César, en una entrevista en primera plana de 15 de diciembre de 1927, en una sección titulada Fútbol y literatura, introduce a Félix Pérez con estas gradilocuentess palabras: Estadium. —Horizontes de suburbio. —Cielo pintado de otoño. —Aire de Grecia por ruta latina. —Densidades de multitud . —Juego.—Línea. Arabesco. — (El siglo pasado murió el otro día en los divanes rojos de un café.). Bello siglo XXI. —Velocidad. —Acción. —Fuerza. —Deportes. —Vuelos.

Reminiscencias griegas, olímpicas, de exaltación del superhombre que es el deportista de élite, para proseguir de este modo:

—Félix Pérez: A ver, una interviú al aire libre. Así: con la desnudez del traje de lucha. Los músculos con prisa de trabajo.

El perplejo Félix, que no puede menos que sentirse abrumado, no acierta más que a contestar modestamente:

— ¿A mí una interviú?

A lo que replica el entregado Arconada

— Sí. Después de todo, usted es el futbolista más fino, más cuidado, de más bello juego. Podríamos decir: el futbolista más literario, más estilista. El orfebre. Usted es, en el fútbol, lo que Benjamín Jarnés es en la literatura.

Félix, más ruborizado que un campo de amapolas, opta por llevar el partido a su terreno y replica con gracejo:

—Bueno. Chúteme las preguntas. Yo iré metiendo los goles.

Cuando el entrevistador eleva el fútbol a la categoría de arte, es curioso como el futbolista es el que pone la modestia al servicio de su profesión:

—Ante todo, una primera pregunta panorámica: Desde su punto de vistadeportivo, ¡qué impresión le ofrece !a literatura?

—La considero como algo superior, algo bello. Mi mayor ideal sería saber combinar las letras con la facilidad que, a veces, combino y juego el balón en mis partidos.

Dando una lección de franqueza que no le vendría hoy mal a más de uno, recordándonos, como el gran Platón, que no se puede filosofar con la barriga vacía:

—¿Pero usted cree posible que el deportista —o el futbolista en particular— se interese por la literatura? ¿Deporte y literatura, no serán cosas incompatibles?

—Acaso. Sin embargo, al actual futbolista, en general, le interesa mucho más cobrar puntualmente su mensualidad que saborear a Guido da Verona, por ejemplo. Esto no quiere decir nada: el deporte y la literatura pueden ser compatibles.

Para luego Arconada tirarle un dardo esperanzado desde ese concepto que Ortega bautizó como el hombre masa, al que el bueno de Félix inocula una sensata ración de realidad, y que hoy está absolutamente vigente:

—Bueno. Vamos a tirar el último córner ¿Usted no cree que de estas grandes masas de gente que acude a los estadios puede salir una composición, una construcción nueva del mundo?

—Podría salir. Pero, no sé, no sé… Al público que hoy asiste a los estadios no le lleva a ellos un espíritu deportista y sano, sino e! apasionado deseo de ver triunfar a su equipo favorito, y, al mismo tiempo, insultar al contrario. Félix dixit, aunque el bueno de Arconada no ceja:

—La pasión. Pero es bella la pasión. Es el juego de los que no juegan, es el impulso de los que miran; de los pasivos, el jugador emplea su fuerza en el juego—en la lucha—y queda satisfecho. Pero el espectador, (que también posee su potencialidad), necesita desalojarla de alguna manera. Y la desaloja por conducto del grito, de la actitud. (Debemos tener fe en nosotros, en nuestro siglo. Sin duda alguna: de la multitud ardorosa de los estadios, como de la multitud religiosa de los cines, ha de salir el mundo nuevo, el mundo de nuestra época. Frente al café, la tertulia, la política, el teatro, exaltemos nuestras cosas: él cine, la acción, los deportes, las mujeres con pelo corto. Frente al artista, al político o al cómico, exaltemos al nuevo héroe: al futbolista, (…) Estadium.—Juego.—Lucha.—Tensión de músculos.—El aire del atardecer cierra los horizontes.—Bullicio de bocinas.—Discusión.—Tumulto.—Gestos.—¡Vivan los campeones!

Acaso, casi cien años después, la cosa no iba tan descaminada, divos de calzón corto, que diría el mítico José María García…

 

(1) Félix Pérez Marcos, (Madrid 1901-1983), jugó de centrocampista en el Recreativo de Madrid, Real Madrid (1921-1928), Racing Madrid y Atlético de Madrid (1929-30).fue una vez internacional con España, el 27 de mayo de 1927 en París contra Francia. Así se definía: “Yo era como Amancio”. Un interior fino, elegante, el socio ideal para cualquier delantero centro”.

Carlos Rodrigo

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