La musicalidad de los campos de fútbol (I)

¿Qué sería de un equipo sin su afición?. ¿Qué sería de una afición sin cánticos?. Hoy nos apartamos un poco de lo mediático de los equipos para centrarnos en sus figuras más importantes y más alegres: los hinchas.

La música en el deporte siempre ha sido importante, desde el boxeo y las míticas imágenes de los púgiles subiendo al ring con una banda sonora predeterminada (así como la WWE), pasando por la gimnasia y sus ejercicios de suelo en los que la música es el elemento más importante de toda la competición, sin olvidar también a nuestras sirenas de la natación sincronizada que tan bien lo hacen en los últimos años (con permiso de las rusas y chinas que dominan claramente esta disciplina olímpica). Pero hoy nos vamos a centrar en el fútbol, el deporte que llena estadios de 70mil personas cada domingo, que vuelven a casa sin voz y que al día siguiente en el trabajo deben utilizar una excusa tal que: “habré cogido frío, si ayer estuve en casa toda la tarde, jefe”.

Hagamos una mirada retrospectiva al pasado y centrémonos en la música que sale de las gargantas de los miles de fieles. Y, hablando de música y cánticos, es inevitable pensar en Liverpool y Glasgow. No se sabe a ciencia cierta si fueron los aficionados de Inglaterra o los de Escocia los primeros en corear este ‘himno’ del fútbol, lo que sí está claro es que fue (es y será) el himno más conocido por todos. La compuso Richard Rogers en 1945 y su popularidad llegó a través de un grupo llamado “Gerry & The Pacemakers” en 1963 cuando alcanzó el número 1 de ventas en Inglaterra y desde entonces se canta al inicio de cada partido, tanto del Liverpool como del Celtic de Glasgow, compartiendo el gran honor que es el de tener un himno tan universal.

Pero no sólo de canciones vive este deporte y es que los seguidores tienen (tenemos) mucha imaginación. Podría decirse que los gijoneses convirtieron una queja en una canción repetida, al menos, cinco o seis veces por temporada a lo largo y ancho de los campos de primera división de nuestra península. Ese cántico no es otro que “Así, así, así gana el Madrid”. Utilizado por primera vez por los seguidores del Sporting en 1979 durante un partido de su equipo contra el Real Madrid. Las ayudas arbitrales de aquel encuentro (según relatan los que estaban in situ) fueron escandalosas ya desde los primeros minutos en los que el Sporting recibió un penalti en contra con su correspondiente expulsión. La grada del Molinón clamaba todos a una el famoso cántico. Lo curioso de esta historia es que el grito fue creado para quejarse del Real Madrid, pero fueron los propios aficionados merengues los que lo cantan cada vez que su equipo golea o cada vez (muy escasas, por cierto) que son robados ellos.

Y es que la importancia de un buen grito de ánimo es muy importante en cualquier disciplina. Situémonos ahora en Aragón, concretamente a la ciudad en la que corre una brisita muy famosa, la ciudad del viento: Zaragoza. Temporada 2011-2012. El equipo maño había hecho una primera vuelta ‘horribilis’ con una puntuación lamentable. Necesitaban hacer una segunda vuelta de escándalo para salvarse, y aún así sería difícil que el equipo consiguiera el objetivo de la permanencia. El cerebro de aquel equipo fue Manolo Jiménez que pidió, en más de una ocasión y personalmente, a la hinchada que dejase de pitar al equipo y la directiva, y tratase de animar a su equipo. Cogió el plantel a 12 puntos de la salvación a falta de 22 partidos. Al grito de “Sí se puede, sí se puede” la hinchada maña animaba en cada partido de su equipo como si fuese el último. Dedicaron un minuto a la conocida como ‘Agapitada’ en la que se quejaban de la gestión del club para seguir empujando a su Real Zaragoza los otros 89 minutos. Las jornadas transcurrían y el Zaragoza iba reduciendo la gran desventaja que tenían. Semana tras semana, La Romareda estaba llena hasta la bandera y desde varios km a la redonda se podía oír “Sí se puede, sí se puede”. Llegaron a la última jornada con opciones de salvarse. Se la jugaban en Getafe con 13.000 gargantas mañas que gritaban su ya catalogado ‘himno’. Jiménez y sus chicos consiguieron 33 puntos de 66 posibles y consiguieron salvarse en la última jornada de la quema de la Segunda división. Aquella afición y su ‘grito de guerra’ consiguieron llevar en volandas a un equipo que estaba condenado al infierno de Segunda.

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