Chava Jiménez. Extremo en lo bueno y en lo malo

Los amantes del ciclismo siempre tendremos en la memoria al gran Jose María Jiménez. El Chava, como le llamaba todo el mundo, era uno de esos ciclistas que te hacían vibrar en el sofá de tu casa mientras veías la carrera siempre que había una etapa con final en alto.

El ciclista nacido en Ávila disputó toda su carrera en el Banesto. Compartió equipo con Miguel Induráin e incluso tras la retirada de este, se le considero su sucesor, pero el “chava” no era de esa clase de ciclistas y nunca llegaría a conseguir las grandes victorias que el equipo de Eusebio Unzue le exigía.

Le gustaba dar espectáculo cuando la montaña picaba para arriba, pero luego se desentendía de la competición en la contrarreloj, y no se preocupaba de estar bien situado cuando había llano, por lo que era frecuente verle cortado en los típicos abanicos de las etapas de viento.

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Jiménez con Indurain en el Tour de Francia.

De ahí que el ciclista no haya ganado una gran vuelta; tenía tanta calidad que incluso desententiendose de la carrera sacaba tanta ventaja en la montaña que llegó a lograr un podio y un quinto puesto, siempre en la Vuelta a España, donde a él le gustaba brillar especialmente por estar en casa. En la Vuelta también, se llevó cuatro veces el maillot de la montaña y una vez la regularidad gracias a todas sus grandes victorias siempre acabando en alto. Para la posteridad quedará su victoria en la terrible subida del Angliru la primera vez que se subía ese puerto en la Vuelta, arrancando desde atrás y dando caza al escapado Tonkov, pasándole como un cohete y yéndose en solitario a por la victoria. Lo curioso es que después de haber dejado a todo el mundo encandilado con semejante victoria el “chava” le quito meritos a la victoria, ya que dijo que al no estar Pantani no había podido batir al mejor, Genio y figura.

En el Giro y en el Tour su actitud era más pasota, iba por ir, corría por obligación del equipo, donde siempre confiaron en que algún día ganaría una grande, pero solo dio espectáculo en alguna que otra etapa de montaña, aunque nunca al nivel de la vuelta.

Su carácter indolente y egoísta a veces sobre la bici le hicieron enfrentarse con algún compañero por el liderato del equipo, como por ejemplo Abraham Olano, que acabó llevándose la Vuelta en la que el acabó tercero, pero al que le toco sufrir cada vez que Jiménez atacaba en la Montaña dejándole en evidencia.

A finales del 2001 se dejó llevar por la mala vida según cuentan, y cruzó la barrera que ningún deportista profesional debería pasar, aunque el entorno del ciclista siempre lo ha desmentido, asegurando que solo sufría depresión por la exigencia que había sobre él. Fue en 2002 cuando decidió internarse en una clínica psiquiátrica, y ahí se hizo pública y oficial su retirada. Se casó con Azucena, su novia de toda la vida y se compró una finca, donde parecía que quería construir una residencia de ancianos y así asentar la cabeza, e incluso por momentos, cuando estaba lúcido, pensaba en volver al ciclismo e incluso llegó a estar en la concentración del equipo en 2002, pero al ver que no iba a estar al nivel que le exigían por ser tan bueno como era, volvió a caer en otra profunda depresión. Finalmente su corazón, desgastado por los grandes esfuerzos de ciclista, mezclado con el alcohol según decían algunos, y los antidepresivos, dijo basta, y paró de latir dejando huérfanos a los seguidores de un héroe del ciclismo que no llegó a ser más grande porque él no quiso.

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Imagen destacada: hoyciclismo.com

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