Duncan Edwards: el eterno diablo rojo

“¿A qué hora es el partido de este fin de semana contra los Wolves? No me lo quiero perder por nada del mundo”

“A las tres en punto, hijo” contestó un emocionado Jimmy Murphy.

Murphy era consciente de que aquel joven chico de apenas 21 años no jugaría el partido; ni ese ni ninguno más. El 21 de febrero de 1958 fallecía Duncan Edwards, víctima de accidente aéreo del Vuelo 609 de la British European Airways.

Todo comenzó en la década de los 40, cuando Matt Busby  y Jimmy Murphy, máximos responsables del Manchester United, llevaron a cabo un plan de reconstrucción de un club que pasaba por grandes dificultades económicas. Deudas que les alejaban de grandes dispendios en fichajes pero que les permitieron acercarse a jóvenes valores del país. Comenzaba la era “The Busby Babes”. Un equipo de leyenda;  un equipo mitológico.

De todos esos imberbes, Edwards destacaba de forma descarada. Un jugador versátil, de banda izquierda. Jugador talentoso, hibrido entre lateral y extremo; era capaz de defender igual de bien que atacaba. Capaz de dominar el juego del equipo desde su posición. Centrocampista de ida y vuelta, dominaba el pase corto, el pase largo; iba muy bien de cabeza y a la vez era capaz de marcar. Un jugador sin parangón. Con apenas 20 años, Duncan era el más firme candidato a catalogarse como mejor jugador del mundo.

De debut precoz con el Manchester United, su talento le permitió llegar a la selección Inglesa con apenas 18 años, siendo el jugador más joven en debutar con la selección inglesa después de la Segunda Guerra Mundial. Un record que perduró  casi 43 años (superado por Michael Owen).

Tras su debut con su equipo, Duncan ganaría sus dos primeras ligas con el United. Una gran generación se estaba gestando. Era el inicio de una nueva era. Europa era el próximo objetivo.

Por aquel entonces Europa era terreno vetado por un equipo que dominaba y conquistaba el viejo continente de forma aplastante. El Real Madrid de Di Stefano, lograba imponer su ley sin oponente ni rival. En las semifinales de la Copa de Europa de 1956/57 se enfrentaron ambos conjuntos, pero por aquel entonces el conjunto británico, aún bisoño en eliminatorias de primer nivel, quedaría apeado de la competición, pero sin duda, el equipo de Matt Busby sería el más firme candidato al trono; y por la juventud de su equipo, lo seria por muchos años.

La temporada 1957/58 era la de la consagración del equipo de los de Manchester en el panorama europeo. Era un más que claro candidato a destronar al equipo español. El reino de Di Stefano, Gento o Puskas estaría en serio peligro por la irrupción de los jóvenes pipiolos de Busby. Y así discurrió la competición. El jovial equipo inglés avanzaría a cuartos de final, donde se enfrentan al  Estrella Roja.

Un día señalado en la historia de los Red Devils, el partido de vuelta de Belgrado el conjunto liderado por el genial Edwards logra pasar la eliminatoria tras empatar 3-3 en Belgrado. Toca volver a las Islas británicas con el pase a la siguiente eliminatoria.

Un frio 6 de febrero de 1958, el Manchester United está en semifinales de la Copa de Europa. El  A.C. Milan les esperaba. Toda apunta a que esta vez sí, los diablos rojos tenía en sus manos  la posibilidad de conquistar Europa. Era el momento de los  Roger Byrne (capitán), Geoff Bent, Tommy TaylorMark Jones, Eddie ColmanLiam Whelan y sobre todo del fantástico e increíble Duncan Edwards.

El resto de la historia es conocida por todos. Los restos de Duncan fueron llevados a su ciudad natal, ahí seria despedido multitudinariamente con honores de jefe de estado. A día de hoy su tumba es un santuario para los hincha de los diablos rojos.

Días antes del fatídico accidente, el propio Duncan había enviado un artículo a la revista Tackle Soccer This Way, donde Edwards mostraba el amor hacia el fútbol, como respetar a los árbitros y rivales, una guía de modestia y buena bondad con el fútbol como base.

A pesar de los años, el espíritu de Duncan quedó marcado en la historia del Manchester United, quienes 10 años más tarde de la tragedia se reconstruyó de nuevo y logró alzarse, esta vez sí, como campeones de Europa. Quizás el destino se sentía culpable.

Bobby Charlton, uno de los que se salvó de la tragedia, fue el baluarte del Manchester en los años posteriores al accidente de Munich. Charlton, muy amigo de Duncan,  jamás olvidó a su eterno amigo. Una de sus más célebres frases fue dedicada a Duncan: “En mi época de jamás me sentí inferior a ningún jugador del mundo, sin embargo no ocurría con Edwards. Él era muy superior a todos nosotros”

El destino nos privó de ver una generación de joviales chicos que tenían como misión dominar el fútbol europeo. Y sobre todo el destino nos privó de disfrutar más tiempo de un chaval que disponía de todas las cualidades habidas y por haber para convertirse en el mejor jugador de su época. Un chico al que amaban los suyos y apreciaban los rivales; un ejemplo de futbolista total que vivía por y para el fútbol.

Aquel  21 de Febrero de 1958 murió un mito del fútbol. Aquel día nació la leyenda.

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Imagen destacada: libertaddigital.com

@oscargomesende

 

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