28 años después de la designación de Barcelona como sede olímpica

Barcelona fue designada sede de los Juegos Olímpicos de 1992 el 17 de octubre de 1986. En 1988 se puso en marchar el plan ADO para apoyar el desarrollo y promoción de los deportistas nacionales de alto rendimiento a nivel olímpico. El resultado fue la mayor cosecha de medallas de España en unas Olimpiadas: 13 de oro, 7 de plata y 2 de bronce.

Se consiguieron metales en disciplinas tan exigentes como los 1.500 metros (Fermín Cacho, oro) o la prueba de decathlon (Antonio Peñalver, plata). Pero una de las victorias que más llamó la atención fue la del equipo de hockey hierba femenino, que logró imponerse en la final a la República Federal de Alemania.

Y llamó la atención porque España contaba en ese momento con solo 500 licencias. Estamos hablando, pues, de un auténtico milagro. Uno de los técnicos de la Federación en ese momento era el alemán Horst Wein.

Horst sabía de hockey hierba, pero también sabía mucho de futbol. Muchísimo. Tuve la ocasión de conocerlo en julio de 2007. Yo formaba parte de la candidatura de Juan Carlos Ercoreca a la presidencia del Athletic,. De haber ganado las elecciones, Horst habría trabajado para el club en la mejora de la formación de la cantera de Lezama.

Pasé muchas horas con él. Aprendí cantidad de cosas que desconocía sobre el juego. Me contó que las tres cosas imprescindibles para que un futbolista llegue a la elite son:

  • Velocidad (“es algo que se tiene o no se tiene, por mucho que entrenes nunca vas a ser más rápido”).
  • Interpretación del juego (saber cuándo hay que pasar el balón, a quién, saber ver los huecos, acelerar o parar el ritmo,…).
  • Determinación de querer llegar a la cima y mantenerse. Ello implica un tipo de vida determinado (entrenar duro, cuidar la alimentación, los descansos, llevar una vida ordenada –como corresponde a un deportista de élite-).

Me habló de jugadores que estaban en equipos top (no diré nombres) pero que no sabían interpretar el juego (“en contraataques hacen un regate de más en lugar de pasar el balón a un compañero que está mejor situado, pierden la posesión y dejan que el contrario elabore el ataque teniendo a ese compañero –y quizás uno o dos más- por detrás de la pelota, dejando a su equipo en inferioridad para defender”).

Defiende que los niños no tienen que empezar a competir hasta los 14 años. Hasta entonces, deben tomar el futbol como lo que es, un juego, sin especializarse en determinadas posiciones y restando importancia a los resultados (y sobre todo, a la presión que el entorno puede ejercer sobre los chavalas). Propone juegos de 3 contra 3, 4 contra 4, 5 contra 5,… (en función de la edad), siempre a 4 porterías. Si queréis saber más sobre Horst Wein, podéis acudir a su página web.

No ganamos aquellas elecciones. Las encuestas previas no nos daban ninguna posibilidad. Sin embargo, a punto estuvimos de dar la sorpresa. Perdimos por apenas 700 votos. Jamás olvidaré aquella experiencia.

Particularmente, al principio me dio algo de pena no haber alcanzado el objetivo, pero al de poco se me pasó esa sensación. Al fin y al cabo, hicimos las cosas lo mejor que pudimos y supimos en aquellos momentos, así que no hay nada que reprocharse (por supuesto que si hoy participara o encabezara una candidatura haría muchas cosas de otra manera; lo bueno de las derrotas es que ayudan a mejorar al aprender de los errores cometidos).

Sin embargo, siempre me quedé con la duda de qué habría ocurrido si Horst hubiera colaborado con el Athletic y se hubieran puesto en prácticas algunas de sus ideas. No soy partidario de entrar como “un elefante en una cacharrería” y poner todo “patas arriba” de un día para otro (permítanseme ambas expresiones). Pero sí es interesante dedicar una parte de los recursos a experimentar nuevas vías, siempre pensando en recoger los resultados a largo plazo. Muchas serán fallidas, pero la que fructifique supondrá una ventaja competitiva para la organización.

No quisiera terminar este artículo sin volver al punto de partida. Hace 28 años se puso en marcha una auténtica revolución en el deporte español. Se dotó de recursos económicos a las diferentes federaciones y se pudieron contratar a muy buenos profesionales que dedicaron sus conocimientos a mejorar el rendimiento de los deportistas de élite. Se pensó a largo plazo, y los éxitos no tardaron en llegar. Se ha ganado prácticamente todo lo que se puede ganar, individual y colectivamente.

Los recortes también están llegando al deporte español y va a ser difícil que en los próximos años se mantenga el nivel de resultados. Las grandes figuras van llegando a su ocaso y no se vislumbra un relevo a la misma altura. La depresión económica no va a facilitar que las inversiones aumenten. Pronto se empezará a escuchar aquello de “fue bonito mientras duró”.

@jbasagoiti

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