Corbatta, “El Garrincha argentino”

El fútbol se divide en dos en cuanto a geografía se refiere: por un lado está Europa, donde el deporte rey empezó a dar sus primeros pasos, y por otro Sudamérica, que es donde se convirtió en arte. Imaginemos que hacemos un viaje mental por esta parte del continente americano. Aterrizaríamos en naciones donde no tardaríamos en averiguar que el balompié se arraigó de tal manera en esta parte del planeta, que parece que fue en una de las orillas del Río de la Plata, o en alguna remota playa de Sao Paulo, donde se concibió este deporte. Y, si hay un país donde el fútbol es religión y estilo de vida, ése es Argentina, patria donde la pelota de cuero suscita pasiones extrapolables al tango, al periodismo, a la narrativa, a la poesía, etc… Es la tierra por antonomasia de leyendas y anécdotas. Fue allí donde desarrollaron sus carreras deportivas jugadores que marcaron un antes y un después, como Bochini, Ardiles, Caniggia, Labruna o Sívori, por citar sólo algunos nombres. Una de estas estrellas, normalmente olvidadas, o incluso desconocidas por el aficionado europeo, fue Orestes Omar Corbatta Fernández, “El loco”.

Orestes Omar Corbatta Fernández

Orestes Omar Corbatta Fernández

Como suele ser habitual en la andadura vital de los grandes astros del balón sudamericanos, la infancia de Corbatta estuvo marcada por la penuria económica. Era natural de Daireaux, Buenos Aires, donde nació el 11 de Marzo de 1936. Su padre, jardinero de profesión, falleció cuando Corbatta era un niño, un zagal que nunca aprendió a escribir, ni tampoco a leer. Su condición de analfabeto le marcó durante toda la vida. Se avergonzaba de ello. Cuentan que, cuando se le acercaba un periodista, agarraba un periódico y simulaba que lo leía. Otra característica que tenía en común con las “grandes” figuras de la época era su baja estatura (1.65 m) y su peso (62 kg). Pero nada impidió que Orestes Omar se convirtiera, según los argentinos, en el mejor ala derecha que ha pisado una cancha.

Su carrera profesional la inició en 1955, en el Racing de Avellaneda, que lo fichó al verle jugar en el Juverlandia, con tan sólo diecisiete años. Con esa edad ya le apodaron “el Alerquín” por el personaje de la Commedia D´llArte, debido a su espectacular estilo de juego. Su capacidad para sorprender al contrario con constantes cambios de ritmo, el extraordinario control del balón, que nunca se despegaba de su pie derecho, y sus regates llamaron la atención del mundo entero en el Campeonato Sudamericano de 1957 (actual Copa América), celebrado en Perú, título que conquistó la blanquiazul con un equipo que pasaría a la Historia: “Los Carasusias de Lima”.
Con “La Academia” conquistó un título de liga, en 1958. En 1962 abandonó las filas del Racing para fichar por el Boca Juniors. En el Boca siguió demostrando sus increíbles cualidades para gambetear. Sus jugadas llegaban a ser tan inverosímiles, tan rebuscadas, que solían despertar animadversión en los contrarios. En un enfrentamiento entre Uruguay y Argentina, Corbatta dio un espectáculo de acciones que tenían que ver más con el malabarismo que con el fútbol. Los uruguayos, que jugaban en casa, se sintieron humillados por la actitud del argentino. En un lance de juego, un defensa uruguayo le hizo una entrada fortísima, y Corbatta se quedó tumbado en el césped. Sasía, jugador celeste, se le acercó con la aparente intención de consolarle… pero le propinó un puñetazo y el bonaerense perdió dos dientes.

Corbatta ganó dos ligas en Boca y fichó por el Independiente de Medellín. En Argentina ya solía beber con frecuencia y era común que estuviese borracho en los instantes previos al comienzo de los partidos. La embriaguez no entorpecía su juego, pero en Colombia todo fue a peor. Los seguidores del equipo de Medellín guardan un gran recuerdo de Corbatta, quien siguió jugando a un nivel extraordinario, pero su vida personal no marchaba tan bien. Su mujer le abandonó y empezó a beber más. Pasó por otros clubes de menor categoría, pero a principios de los setenta estaba arruinado. El Independiente de Avellaneda se hizo cargo de él y le dejó un sitio para dormir, bajo la tribuna del Estadio Presidente Perón. La gente se apiadaba de él dándole limosnas mientras contaba anécdotas e bar en bar, de copa en copa. Murió de cirrosis en 1991.

En el recuerdo de los argentinos permanece esa inverosímil película, esa delirante forma de entender el fútbol. Le apodaron “El Garrincha argentino”, “El dueño de la raya”, “El jugador de dibujo animados”… pero pasó a la Historia del Fútbol como “El loco”, “El loco” Corbatta.

Carlos Rodríguez

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