La gesta de Polonia en el Mundial de 1974

Cualquier tiempo pasado fue mejor. Ésta es una afirmación pesimista, y, en muchos casos, se suele utilizar arbitrariamente en ocasiones en las que dista de ser verdad. Pero en Polonia, en lo que a fútbol se refiere, se subrayan tales palabras y se recuerdan con nostalgia los años en los que su selección era un conjunto temible, compuesto por una generación de jugadores que sorprendió tanto por su competitividad como por su estilo de juego. La eclosión ocurrió en Alemania, durante la Copa del Mundo de 1974.
Polonia nunca había disfrutado de una selección nacional de élite. Una sola aparición en la fase final de un Mundial (Fracia´38), y alguna victoria puntual ante equipos de más nivel conformaban el pobre palmarés de la selección rojiblanca. Esta situación cambió en 1972, cuando Kazimierz Górski fue nombrado seleccionador nacional. Nada más hacerse cargo del equipo, Górski llevó a Polonia a conseguir la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Múnich y puso las bases de la que iba a ser la mejor selección polaca de la Historia.

La fase de clasificación para Alemania´74 no fue fácil. Polonia tenía como rival más directo a Inglaterra, que todavía contaba con parte de la plantilla que había ganado el mundial de 1966 y que, además, había realizado un gran papel en Méjico´70. Era, sin lugar a dudas, la favorita para conseguir el pase para la fase final. El otro país implicado, Gales, resultó ser decisivo; los galeses perdieron en su feudo con los ingleses y empataron en Wembley, y perdieron sus dos enfrentamientos contra los polacos, que a su vez ganaron en Polonia a Inglaterra. Conclusión: Polonia e Inglaterra se jugaban el primer puesto. El estadio de Wembley presentaba un lleno hasta la bandera. El partido, para más inri, no estuvo exento de tensión debido a las descalificaciones que sufrió el guardameta polaco Tomaszewski por parte de los ingleses. Pasaron los noventa minutos. Wembley enmudeció. El empate a uno que reflejó el marcador dejaba a los británicos fuera del mundial, el primero al que no acudirían desde 1950. Los polacos habían conseguido un hito… y sólo era el comienzo.

La siguientes piedras en el camino de los polacos tenían dos nombres: Italia y Argentina, que completaban el grupo de la primera fase junto a la débil Haití. Los centroeuropeos demostraron que habían ido a Alemania para competir al más alto nivel; vencieron a Argentina por tres tantos a dos, golearon a Haití (7-0) y superaron por dos a uno a la selección azzurra en un rudo encuentro. En aquella cita el sistema de competición era distinto ya que se componía de una segunda fase de grupos que sustituía a los octavos de final, cuartos de final y semifinales. El siguiente grupo de los pupilos de Górski tampoco era fácil: Yugoslavia, Suecia y la anfitriona: Alemania Federal. Polonia venció tanto a los suecos como a los yugoslavos, aunque perdieron por la mínima ante los alemanes, salvados en el minuto setenta y seis por un gol de Müller, que disputarían la final contra Holanda. Habían conseguido la cuarta posición, lo que ya era todo un logro, pero no se contentaron; vencieron a la Brasil de Rivelino y Jairzinho en el encuentro por el tercer puesto, consiguiendo así subir al podio y firmar una de las participaciones más sorprendentes y brillantes acaecidas en un Mundial.

La gesta se volvió a repetir ocho años después, en el mundial celebrado en España, donde se hicieron otra vez con el tercer puesto tras vencer a la potentísima Francia de Platini, Fernández y compañía. Nombres como Lato, Zmuda, Bulzaki, Deyna, Gadocha y el citado Tomaszewski, junto a los acertados planteamientos tácticos de Górski, llevaron a esta generación de jugadores a escribir hazañas que no se volvieron a repetir en el devenir del fútbol polaco.

En general Alemania`74 suele recordarse por las selecciones de alemana y holandesa, por ser el Mundial de Cruyff y de su “Naranja Mecánica”, por la calidad y majestuosidad de Beckenbauer, por los goles del “Torpedo” Müller, etc… pero hay que desenterrar del olvido a esta selección polaca que, además de disputar tres mundiales consecutivos (alcanzando dos terceros puestos), consiguió dos medallas olímpicas (el mencionado oro de Múnich´72 y la plata en Montreal´76), situándose así como una de las mejores selecciones del continente europeo de mediados de los setenta y principio de los ochenta.

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