“El prisionero 20.009”

Este fue el nombre que dio el régimen nazi, a Kurt Landauer, en el momento que entro al campo de concentración de Dachau, el 10 de Noviembre de 1938. ¿Qué delito cometió Kurt? Ser judío, ese era su “delito”, en aquella época el gobierno de Hitler, estaba en pleno apogeo, por lo que el partido nazi no dudo en señalar a todas aquellas personas de religión judía, por muy alto que fuera el cargo que desempeñaran, caso de Landauer, presidente del Bayern de Munich, uno de los mejores presidentes de la historia del gigante bávaro según Karl-Heinz Rummenigge. Este hecho supuso la constatación de que el partido nazi consideraba al Bayern como un “equipo judío”, cosa que sé sabia desde que los partidarios de Hitler llegaron al poder en Enero de 1933, y que jamás molesto demasiado a la entidad.

Este encierro, de treinta y tres días de duración, fue el periodo más difícil para la entidad, incluso hasta hace poco tiempo, aunque todo cambio tras la publicación por parte de Dietrich Schulz-Marmeling, del libro “Der FC Bayern und seine Juden” [El Bayern y sus judíos], y es que como afirma la publicación, todo lo que paso en aquellos años quedo totalmente olvidado tras el final de la guerra.

Y es que no solo Kurt Landauer, fue probablemente el mejor presidente de la historia del club, también fue jugador del club, y aun más importante, el Bayern tiene orígenes judíos. Cuando en el año 1900, comerciantes y estudiantes del bohemio barrio de Schwabing, fundaron el club, dos de sus diecisiete firmantes en el acta fundacional de la entidad, eran judíos, concretamente eran Josef Pollack y Benno Elkan. El segundo de ellos, nacido en Dortmund, posteriormente emigraría a Londres, convirtiéndose además en el eminente escultor, que realizo el candelabro de siete brazos que aun hoy se encuentra frente al parlamento de Israel. Durante los primeros años de vida del club, este fue patrocinado por comerciantes judíos, siendo el año 1911 una fecha decisiva para la historia del mismo, ese año fue en el que Kurt Landauer, el protagonista de nuestra historia, llego a la presidencia de la entidad, por primera vez.

Landauer, muy influido por uno de los pioneros del fútbol alemán, Walter Bensemann, fundador de la revista Kicker y uno de los padres de la DFB, tenia la creencia de que el fútbol era un arte, y de que debía prevalecer la creatividad, sobre valores como el “Kampfgeist”, y que se podrían conseguir lazos de amistad entre naciones a través del fútbol. Tras la primera guerra mundial, donde Kurt defendió a Alemania en combate, hecho que le posibilito veinte años después, escapar de una muerte segura en los campos de concentración nazis, se empezaron a ver los primeros resultados positivos de su gestión, destacando por encima de todos, la consecución de su primer campeonato alemán en 1932, de la mano del técnico austriaco Richard Kohn, también judío. No solo en el ámbito deportivo fue eficiente la gestión de Landauer, también consiguió aumentar de manera exponencial la presencia del club tanto en Alemania, como más allá de sus fronteras, y desarrollo el proyecto de construcción de un nuevo estadio.

Tras estos éxitos, se produjo la llegada al poder del fascismo, con todo lo que eso conllevo, se forzó el cese de Landauer como presidente, además de quitarle todas sus pertenencias y llevarle detenido al campo de concentración de Dachau. “Cuantos más de esos perros matemos, menos tendremos que alimentar“, este era el mensaje diario, de un comandante de las SS a sus tropas, en Dachau, y por lo que se pudo comprobar posteriormente, estas lo llevaban hasta las ultimas consecuencias, solo allí se asesino a 41.500 judíos, mientras que otros tantos murieron por la condiciones infrahumanas a las que fueron sometidos, por lo que el futuro que le esperaba a Kurt, era bastante complicado, por suerte para el, los nazis descubrieron que había servido en combate a Alemania en la primera guerra mundial, por lo que se le permitió escapar, y exiliarse en Suiza, aun exiliado, siempre estuvo atento a las necesidades del Bayern de Munich. Estos desvelos siempre fueron reconocidos por la propia entidad, tanto con su abierta actitud contra el régimen, como con sus actos. El acto de reconocimiento más importante sucedió en 1940, cuando el Bayern fue a jugar un amistoso en Zurich frente a la selección de Suiza, tras el cual, y después de haberse negado a realizar el saludo fascista antes del comienzo del partido, los jugadores fueron a saludar de manera efusiva a un aficionado. Este no era otro que Kurt Landauer, el “prisionero 20.009”. Este acto ofendió de tal manera, a las altas instancias del partido nazi, que obligo a intervenir a la Gestapo.

Tras el fin de la segunda guerra mundial, Kurt volvió a la presidencia del club en 1947, estando en el cargo, durante cuatro años. Aun teniendo un billete para marcharse a Estados Unidos, decidió quedarse en la ciudad y ayudo al club de sus amores a construir un estadio nuevo, así como lucho para que todos los clubes de la ciudad pudieran tener licencia para jugar. Tras dejar la presidencia Kurt Landauer, finalmente murió el 21 de Diciembre de 1961, por desgracia, el club enterró todo lo realizado por él, aduciendo miedo a “reacciones negativas” si enfatizaba sus raíces judías, según declaro el vicepresidente Fritz Scherer, esto fue así hasta 2009, en el que coincidiendo con el 125 aniversario del nacimiento de Landauer, el Bayern de Munich, encabezado por Fritz Scherer y Karl-Heinz Rummenigge, acudió a actos conmemorativos, a la iglesia de la reconciliación de Dachau, junto a gente del grupo de hinchas del club “Schikeria München”, que desempolvó parte de la gran historia de este majestuoso club, para honrarla como se merecía. Esta acción fue recompensada con la obtención del prestigioso premio Julius Hirsch a favor de la integración y la tolerancia. Hace unos pocos meses, en el museo judío de Munich, se celebro una exposición sobre Kurt Landauer, con objetos que el club tenia guardados celosamente, posibilitando así que todos los hinchas del Bayern que lo desearan, conocieran esta parte de su historia.

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Hoy en día, tanto los hinchas del club, con especial mención al club de seguidores “Schikeria München”, como la propia directiva del club, reconocen la valía de Kurt Landauer en la historia del club y admiten que sin él, muy probablemente hoy no serian el gigante futbolístico que son. Esperemos que nunca mas, el Bayern vuelva a olvidar al quizá presidente más importante de su historia, como el no olvido al club de sus amores en Dachau o desde su exilio en Suiza, aunque ya puesto en negro sobre blanco este capitulo de la historia de la entidad bávara, no creemos que se vuelva a olvidar la tarea de Landauer, visto además el énfasis puesto por la directiva actual en honrar la memoria de “Der präsident”.

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