Fútbol = pan + circo (y deudas)

Si nos fijamos en la evolución de la Liga durante los últimos años, vemos que la competición se ha ido empobreciendo en cuanto a emoción. Normalmente el título se repartía entre el Real Madrid y el Barcelona, pero siempre aparecían equipos de vez en cuando rompían el duopolio (Athletic y Real Sociedad en los 80, y con posterioridad, Atlético de Madrid, Deportivo o Valencia).

En la última década hemos asistido a un mano a mano entre los dos grandes, con records diversos (se han superado en varias ocasiones los 100 puntos por parte del vencedor, algo que era impensable no hace mucho). El que el Atlético ganara la Liga el año pasado se puede considerar como un hecho excepcional. Habrá que ver la evolución del equipo una vez que Simeone abandone la nave para ir a otros clubes con más poderío económico, algo que tarde o temprano ocurrirá.

Esta deriva del campeonato se sustenta en dos factores:

  • El reparto injusto de los derechos televisivos, con unas diferencias escandalosas a favor del Barcelona y el Real Madrid.
  • La nefasta gestión empresarial que han hecho los clubes, dando lugar a un endeudamiento masivo, con especial relevancia a los compromisos no atendidos con Hacienda (llegó a haber un agujero de más de 700 millones de € que hoy se ha reducido a algo más de 500 millones de €).

Cada poco tiempo aparece un presidente reclamando más dinero por algún concepto (quinielas, televisión,…). Pero lo curioso del caso es que este despropósito económico ha tenido lugar cuando los equipos han recaudado más de lo que podían llegar a imaginar. Recuerdo cuando era niño (finales de los 70) un plante de los clubes para forzar un mayor ingreso por porcentaje de las quinielas. Se llegó a jugar alguna jornada con los juveniles. Esa disputa duró mucho tiempo. Algunas temporadas después, los clubes escondieron el calendario para perjudicar las apuestas quinielísticas (ya que no conseguían lo que querían), dando a conocer los partidos de cada jornada con muy poca antelación. Las peleas con TVE (la única que había entonces) eran también habituales. Hubo una temporada en la que no se televisó fútbol en directo (algo impensable hoy).

A mediados de los 90, con la aparición de los canales privados y el establecimiento del “pay per view”, los ingresos se dispararon. Muchos equipos llegaron a duplicar, e incluso triplicar sus presupuestos. Algunos lo aprovecharon para fichar jugadores de calidad, aprovechando también la revolución que supuso la sentencia Bosman, pero otros lo derrocharon en jugadores mediocres comprados a precio de oro. El efecto fue que el precio de las clausulas de rescisión también se disparó, así como los salarios de los futbolistas. Sé de casos de porteros de equipos de 2ª que tenían fichas de 80 millones de pesetas netas por temporada a finales de los 90 (480.000 €), a lo que había que sumar sueldos y primas. ¡Una barbaridad!

La mayoría de los equipos llegó a vivir por encima de sus posibilidades. Eso significa que se gasta más de lo que se ingresa y la deuda, por lo tanto, crece. Si a ello le añadimos la pasividad de Hacienda, permitiendo que el agujero económico se agrandara, y la permisividad de la LFP y la Federación para con los equipos morosos que no hacían frente al pago de sus fichajes o no estaban al día en la remuneración de los salarios de sus plantillas, llegamos a la situación actual. España es un país donde incumplir un contrato sale barato, y la consecuencia, en el caso del fútbol, es que se puede decir que casi la mitad de la Liga está en quiebra o con graves problemas económicos.

La LFP y el Consejo Superior de Deportes están buscando soluciones para solventarlos, a través de la venta conjunta de los derechos de televisión, dando lugar a un reparto más justo y equitativo, y negociando un crédito que permita saldar la deuda con Hacienda (poniendo como garantía de pago el nuevo contrato televisivo). Puede ser una solución que debería tener consecuencia en unos años en la competición, dando lugar a una mayor igualdad y a partidos más emocionantes, sobre todo cuando se juega contra el Real Madrid y el Barcelona (que ganan habitualmente por 3, 4, 5 o más goles de diferencia).

Pero las autoridades deportivas (LFP y Federación) deben ser, a su vez, más severas con la aplicación del “Fair Play” financiero y sancionar duramente a aquellos equipos que incumplan sus compromisos de pagos hacia sus plantillas o a otros equipos por el pago de fichajes.

Y la guinda sería ver pagar a los responsables por el desaguisado cometido. Por desgracia, creo que no veremos noticias en este sentido, ya que, como decía hace poco Enrique Cerezo, presidente del Atlético de Madrid, “tenemos entretenida a la gente entre septiembre y mayo”. En resumen, pan (poco), y circo, mucho circo. Pero la competición, cada vez más aburrida.

@jbasagoiti

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