Hungría: Un paseo por la gloria y el olvido (Parte I)

Hungría, en el mundo del fútbol, fue a principios de los años cincuenta lo que hoy viene representar España: la cuna de unos jugadores de calidad exquisita, y el modelo a seguir en lo que a juego virtuoso se refiere. La gloria de su Historia futbolística es similar a la de Polonia, cuyos méritos deportivos analizamos hace poco, pero también comparten muchos parecidos en sus últimos retratos, cuyos rostros están marcados por la misma enfermedad: el olvido.

De estas naciones podríamos crear un DNI común e imaginario que rezaría así: país centroeuropeo que destaca por sus jugadores técnicamente superdotados, un ejemplo de que calidad y competitividad pueden caminar de la mano. Títulos olímpicos y primeros puestos en el Campeonato Mundial. Jugadores y estrategias que marcaron una década… Pero las fechas de defunción también son paralelas, semejantes: años distintos para un mismo día, el día de un ocaso que parece infinito. La mayoría de las selecciones que han sido punteras, ganadoras, han sufrido idas y venidas, auges y caídas, fracasos y victorias. Una generación apoteósica por dos mediocres, por poner un ejemplo. En el caso de Hungría no fue así. Subió a la cima, bajó, y no se supo más de ella.

Desde el final de la I Guerra Mundial Hungría había construido de forma lenta, pero constante, las bases de la que iba a ser una selección legendaria. Los primeros frutos de esta propuesta llegaron en el Mundial de 1938, celebrado en Francia. Los húngaros desplegaron un gran juego y eliminaron con solvencia a sus rivales (en especial a Grecia, a la que golearon once a uno). La final fue ante Italia, que ganó a “los magiares” por cuatro tantos a dos y consiguió su segundo título consecutivo. En este Mundial destacó Gyorgi Sárosi, el ídolo de la joven hornada de jugadores que estaba a punto de copar el panorama futbolístico mundial.

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La II Guerra Mundial casi acaba con el fútbol profesional en Europa, y con el ascenso de la nueva generación húngara. Se estableció que en 1949, cuatro años después de que terminase la contienda, se retomaría la Copa Mundial. No fue así. Se retrasaría un año para favorecer la paulatina incorporación y restructuración de la las selecciones nacionales más mermadas por la guerra. Ya en 1948 la selección húngara había comenzado una racha de partidos que les llevaría a estar seis años sin conocer la derrota. Pero, ¿de dónde vino tan excelsa cantera que emanaba brillantez en cada jugada que facturaba?

El Club Atlético de Kispest fue un equipo procedente de Kispest, distrito de la capital húngara hasta que fue absorbido por las fauces militares, que lo rebautizarían9 en 194 como Budapest Honvéd. El equipo del Ejército Húngaro vistió con su elástica a lo mejor del país: Grosics, Budai, Czibor, Lorant, Kocsis y Ferenc Puskás (éste último pertenecía a las categorías inferiores del Kispest). El club rojinegro consiguió cinco ligas en seis años y Puskás fue el máximo realizador en tres de estos campeonatos. La imposibilidad de participar en competiciones europeas hizo que el Honvéd quedase enjaulado en una leyenda nacional, en vez de convertirse en un club que, a buen seguro, le hubiese complicado en extremo la vida al Real Madrid de Di Stefano. ¿Hubiesen ganado los merengues las cinco Copas de Europa consecutivas si el club aquineo hubiese competido en el torneo continental?

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Mientras el Honvéd barría a todos sus adversarios en Hungría, la selección nacional continuaba con su particular hegemonía europea. Los pupilos de Gusztáv Sebes, socialista hasta la médula, conquistaron sin mayor sufrimiento el Oro en los juegos Olímpicos de Helsinki en 1952, con dos tantos de Puskás y Czibor en la final, donde sobrepasaron a Yugoslavia. Sebes les había enseñado que el equipo era un todo donde cada pieza era fundamental. Nadie era especial, todos dependían de sus compañeros. ¿Fue la semilla del “Fútbol Total” desplegado por los holandeses dos décadas después? Es posible. Lo que sí es cierto es que la Selección Húngara de Fútbol fue conocida como los “Mágicos Magiares” ó “Equipo de Oro” al finalizar un partido celebrado en Wembley. La fecha: el 26 de noviembre de 1953. El rival: la Inglaterra de Billy Wright.

Pero, para saber lo que ocurrió, deberán esperar al partido de vuelta.

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