Figo y el lío que pudo cambiar la historia reciente del fútbol español

Hablar de Luis Filipe Madeira Caeiro, futbolísticamente conocido como Figo, es hacerlo del protagonista de uno de los traspasos más polémicos de la historia del fútbol español. Podría decirse, sin equivocarse demasiado, que el cambio de aires del portugués tuvo un efecto similar al del fichaje de Alfredo Di Stéfano. El Real Madrid no sólo era campeón de Europa sino que, al margen de dar un salto de calidad extraordinario a su plantilla, debilitaba al eterno rival, un FC Barcelona que se sumiría en cuatro años de deriva tanto desde el punto de vista deportivo como en el ámbito institucional.

De este modo se ponía fin a la etapa de Figo como jugador blaugrana, cinco años en los que el extremo portugués se hizo un nombre tanto en el fútbol patrio como en el internacional. De fichaje ilusionante a capitán, en ese lustro la progresión del lisboeta fue in crescendo, aderezando su crecimiento con algunas actuaciones deslumbrantes ante el Real Madrid, lo que le convirtió, junto a Rivaldo, en el rival más temido al otro lado del puente aéreo. Raras veces se vio tan desbordado a Roberto Carlos.

Unos años antes, otro ‘3’ del Real Madrid, eso sí, un tanto improvisado, Luis Enrique, pudo dar fe del regate endiablado de Figo. Hablamos de una temporada, la 94-95, en la que el fútbol aún vivía ajeno al margen de la dictadura del doble pivote, el rol de extremo seguía teniendo vigencia y los centros al área en busca del remate de cabeza del delantero centro (qué difícil lo tendrían hoy en día jugadores del corte de Iván Zamorano) constituían una fórmula muy válida. El Madrid venía de una temporada horrible, pero la llegada al banquillo de Jorge Valdano y de varias caras nuevas como Redondo, Valdano o Amavisca habían ilusionado a la parroquia merengue. Los blancos habían comenzado la temporada como un tiro aunque, en esos años en los que la Champions League aún no era una competición tan maratoniana, el cupo más limitado les había privado de jugar la máxima competición europea. La Copa de la UEFA se convertía, por tanto, en uno de los objetivos de la temporada.

El sorteo fue poco benévolo y emparejó a un equipo que todavía estaba en fase de acoplamiento con un Sporting de Portugal que mezclaba la experiencia de jugadores como Océano con el descaro de una nueva hornada procedente de la estupenda Acamedia lisboeta, como Figo o Sa Pinto. El fútbol internacional era un poco más desconocido que ahora para el aficionado y eso sirvió para que las miradas de sorpresa fueran mayores cada vez que ese ‘7’ de pelo rizado cogía la pelota. Siempre pegado a la cal, con el regate como bandera, pero sin fuegos de artificio. El partido se le debió hacer eterno a Luis Enrique. Figo encaró cuando y como quiso y, en un altísimo porcentaje, con éxito. A continuación, el enlace del partido completo que está colgado en YouTube:

El Real Madrid acabó ganando (1-0) con una buena dosis de suerte, un aliado que también le acompañó en el José Alvalade, un campo en el que Buyo, los postes y una noche aciaga del polaco Juskowiak evitaron que los blancos se quedaran en la cuneta a las primeras de cambio. Valdano optó por colocar a Lasa como lateral izquierdo. Dio igual. Figo continuó siendo una verdadera pesadilla.

El mal trago de la eliminación fue compensado para Figo con la atención de varios de los grandes de Europa. El Calcio todavía no había entrado en bancarrota y clubes como Milan, Lazio o Parma eran los animadores habituales del mercado de fichajes. Precisamente uno de ellos, el Parma, se lanzó a la contratación de Figo. La entidad del Ennio Tardini llegó un acuerdo con el jugador sin saber que, de forma paralela, la Juventus había hecho lo propio con el Sporting. Es aquí donde puede encontrarse otro paralelismo entre la carrera de Figo y la de Di Stéfano. Sin embargo, en esta ocasión no fue un caudillo el que dictaría la solución salomónica, sino un juez.

Figo fue inhabilitado para jugar en Italia durante dos años, por lo que una de las grandes joyas del mercado pasaba a estar disponible para clubes que, en muchos de los casos, nunca podían entrar a las subastas que fijaban las entidades de la Serie A. El Madrid, tras haber sufrido en primera persona las diabluras de Figo, intentó ficharle, pero las arcas blancas no eran tan opulentas como en la actualidad y los 200 millones de pesetas que demandaba el Sporting (poco más de 1 millón de euros de la actualidad) suponían una cantidad prohibitiva. El Barça estuvo más rápido y audaz y acabó haciéndose con los servicios del jugador. Casi sin saberlo, Josep Lluis Núñez cerraba uno de los fichajes más rentables de la historia del club, abriendo una era prolífica en títulos y sentando las bases de una guerra entre Madrid y Barcelona que tendría su continuidad con jugadores como Karembeu y Giovanni y…otra vez Figo, pero esa es otra historia que deberá contarse en otra ocasión.

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