Steven Gerrard, ejemplo de fidelidad a unos colores

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El fútbol actual se ha convertido en un “ir y venir” de jugadores. Futbolistas que cambian más de equipo que de ropa. Estamos hartos de ver como hoy se jura “amor eterno a un equipo”, y pasado mañana se está vistiendo la camiseta del rival. Echamos de menos esos futbolistas que se formaban con ilusión y esfuerzo en las categorías base de un club hasta llegar al primer equipo, y que, a pesar del éxito y de las incesantes ofertas de otros clubes, nunca traicionaron al escudo que los vio crecer y triunfar. Posiblemente, uno de los pocos futbolistas que quedan de esta raza a la que podríamos llamar como “futbolistas fieles”, sea Steven Gerrard.

Hablar de Gerrard, es hablar del Liverpool. Allí llegó siendo un niño, y allí se ha hecho todo un futbolista. Es el emblema del club, y a pesar de sus 34 años, ya es toda una leyenda.

De pequeño soñaba con ser futbolista, con llegar a vestir la camiseta de un gran club, ganar títulos,…En definitiva, soñaba con todo aquello con lo que un niño sueña cuando da sus primeras patadas a un balón

Pero  quizás, lo que Gerrard no imaginaba es que todos sus sueños llegarían a hacerse realidad, e incluso, que llegaría más allá de lo que su propia mente habría imaginado en un principio.

Nacido en Merseyside, Liverpool, comenzó a jugar en las categorías inferiores de un club modesto de la zona, el Whiston Juniors. A pesar de su temprana edad, su enorme  calidad no pasó inadvertida, y a los nueve años ingresó en los equipos filiales del Liverpool F.C. Allí comenzó a forjarse y a crecer como futbolista, y aunque intentó cambiar de aires, tal y como reconoció el propio jugador en su autobiografía, llegó a firmar su primer contrato  profesional con el Liverpool el 5 de noviembre de 1997.

Debutó con el primer equipo un 29 de noviembre de 1998, en un partido ante el Blackburn Rovers F.C. Poco después también tendría lugar su debut en competición europea, y curiosamente, éste se produjo en un encuentro que el Liverpool disputó contra el Celta de Vigo en la Copa de la UEFA.

Todo el mundo sabía que Gerrard tenía calidad suficiente como para jugar al máximo nivel en el primer equipo,  pero tuvo que esperar hasta la temporada 200-2001 para consolidarse en el conjunto inglés. Desde entonces y hasta ahora, Gerrard no ha conocido otra camiseta que no haya sido la del equipo “red”, y ya son más de 600 partidos los que ha disputado con el Liverpool.

Su experiencia y sus galones en el vestuario iban creciendo a medida que pasaba el tiempo, hasta que en el 2003 recogió el brazalete de capitán sucediendo a su compañero y amigo Sami Hyypiä. Fue en ese momento donde comenzó a adquirir la figura de líder del equipo, y de emblema del club.

Su talento descomunal, su habilidad para hacer fácil lo difícil, su técnica exquisita, su rapidez de movimientos, y sobre todo, su habilidad con el balón, hicieron de él uno de los mejores centrocampistas del momento y de años posteriores. Esto, sumado a los éxitos colectivos, lo colocó en el punto de mira de los mejores equipos del mundo, los cuales intentaron su fichaje en innumerables ocasiones. Esta circunstancia, unida a una mala etapa por la que estaba atravesando el jugador, provocó que Gerrard se planteara su salida del equipo. Pero su  amor por los colores y por el club, pudo más que las pretensiones económicas,  los flamantes proyectos deportivos, y  las malas rachas. El Liverpool necesitaba a Gerrard, y Gerrard necesitaba al Liverpool, por lo que decidió continuar en el equipo.

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Desde entonces, la historia de Gerrard ha permanecido ligada a la historia del club de sus amores.

Alegrías, éxitos, trofeos, grandes tardes de fútbol, pero también muchos momentos amargos son los que este jugador ha vivido en su carrera como futbolista del Liverpool, y a pesar de estos malos tragos, siempre ha decidió ser fiel y continuar en el club de su vida.

Los niños y jóvenes de las categorías inferiores del Liverpool han encontrado un espejo en el que mirarse, un ídolo, y  un ejemplo de compromiso, fidelidad y respeto a una camiseta.

La afición ve en él a su ídolo, al símbolo del equipo, a su capitán. Gerrard es consciente de ello, por lo que nunca les ha fallado ni a ellos, ni al Liverpool.

Seguro que todos hemos oído aquello de: “Como en casa, en ningún sitio”, pues eso mismo debe pensar Gerrard. Anfield es su casa, y así será hasta el resto de sus días.

Carlos Garrido Marqueño (@carlos_vianos).

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