Vincenzo Spagnolo, el día que el Calcio lloró de rabia

Las dantescas imágenes de la batalla campal protagonizada el pasado domingo por hinchas del Atlético de Madrid y del Deportivo de La Coruña nos hicieron viajar a otros lugares y a otros tiempos. Ese trayecto por los episodios más vergonzosos de este deporte nos llevan hasta la final de la Copa de Europa entre la Juventus y el Liverpool en Heysel, hasta la tragedia de Hillsborough o, cómo no, hacia la desgraciada muerte de Aitor Zabaleta. Pero si hay un antecedente sobre el que el fútbol español debería reflexionar y tomar un poco de ejemplo ese es el relacionado con la muerte de un aficionado italiano de nombre Vincenzo Claudio Spagnolo.

Corría el año 1995. La tarde del 29 de enero el campeón de Europa, el AC Milan de Fabio Capello, llega al estadio de Marassi para medirse con el Genoa, en un encuentro en el que existía un caldo de cultivo previo, desapercibido para las fuerzas del orden, que llevó a los hinchas más radicales a firmar uno de los episodios más vomitivos de la historia del Calcio. Tradicionalmente, las aficiones del Genoa y el Milan se llevaban bien, hasta que, en 1982, un empate del equipo ‘rossoblu’ ante el Nápoles condenaba al Milan a la Serie B. A partir de ahí, la concordia dejó paso a unos enfrentamientos que tuvieron su punto culminante la fatídica fecha mencionada al comienzo de este párrafo.

En lugar de soñar con la maestría de Albertini, la calidad de Boban o la solidez defensiva de Maldini y compañía, los seguidores más radicales del Milan decidieron que el partido era un buen momento para ajustar cuentas con sus ‘colegas’ del Genoa. Para qué presumir de equipo pudiendo hacerlo de antecedentes penales. Repletos de armas blancas, toman un tren con destino a la ciudad de Liguria. Esa misma línea la toman, poco después, otros aficionados milanistas, eso sí, con las mismas intenciones que la avanzadilla inicial, pero desposeídos de cualquier distintivo que pudiera levantar sospechas entre la policía.

Al llegar a las inmediaciones del Luigi Ferraris, los radicales del Milan la emprenden con algunos seguidores del Genoa, pero sin provocar unos altercados que supongan la intervención policial. En uno de estos encontronazos, un aficionado del Genoa que esperaba a su novia para entrar al campo fue apuñalado en el vientre. Tambaleándose, recorrió varios metros hasta caer desplomado. Era Vincenzo Spagnolo, quien moría poco después. Ajenos a la barbarie, el resto de aficionados, incluido el asesino de Spagnolo, llenan las gradas de Marassi para presenciar el partido. Pero a los pocos minutos, la noticia corre como un reguero de pólvora por la tribuna. La radio confirma el deceso y los hinchas del Genoa comienzan a mostrar su malestar.

La lluvia de objetos que tiene lugar en la primera parte arrecia con el comienzo del segundo acto, impidiendo que el portero del Milan, Rossi, llegue al área que tenía que defender. El capitán del Genoa habla con los aficionados para intentar calmarlos, pero ante la situación todas las partes implicadas entienden que se debe suspender el partido. Esa solución da pie a una batalla campal en la que la policía, durante muchos momentos, se ve desbordada. Hay un intento de asalto a la zona milanista, pero además en las calles comienzan a producirse barricadas, incendios y asaltos a coches de policía y con matrículas milanesas. A media noche, Génova parecía una zona cero.

Tras muchas horas de tensión, la policía consigue trasladar a los aficionados del Milan desde el campo, aunque les fotografían, uno a uno, para reconocer al autor del asesinato de Spagnolo. Las pesquisas llegan a buen puerto y pocos días después fue detenido Simone Barbaglia. El juicio, no exento de polémica (dos años después del delito, el asesino seguía sin pisar la prisión) supuso un examen de conciencia para toda la Italia futbolística.

Finalmente, Barbaglia acabaría entrando en la cárcel, aunque el caso, más allá de la justicia penitenciaria, sirvió para que se intensificaran los controles a los aficionados más radicales, una medida que evitó nuevos capítulos trágicos. Además, el Genoa decidió celebrar un torneo, el ‘Trofeo Spagnolo’, que recordó al aficionado, aunque este buen propósito tuvo fecha de caducidad (en 2012 se disputó la última edición con el Galatasaray como invitado). Más duradero es el recuerdo de un crimen que conmocionó a Italia y sentó las bases de una actitud mucho menos condescendiente con una serie de aficionados que, a día de hoy, siguen avergonzando al fútbol y a la sociedad.

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