“Se va acabar, se va acabar, la dictadura militar”

Fue el grito prácticamente unánime de todo el Estadio Centenario de Montevideo, para festejar la consecución el 10 de enero de 1981 del primer Mundialito de selecciones nacionales por parte de Uruguay, el cual dejo atónitos a toda la cúpula militar que por aquel entonces gobernaba Uruguay, con Aparicio Méndez a la cabeza, iniciándose así hace treinta y cuatro años la caída de la dictadura uruguaya.

La época, finales de los años setenta y principios de los ochenta, fue tremendamente convulsa políticamente hablando, circunstancia que se podía observar en cada gran evento deportivo, y este Mundialito no escaparía de ello. Valga como recuerdo aquel RDA-RFA de 1974, o la polémica acaecida en Italia con motivo de la final de la Copa Davis que disputaron (y ganaron) ante Chile, gobernada por Pinochet en aquellos años.

Este Mundialito, visto en primera instancia con recelo por los dictadores uruguayos puesto que atraería prensa extranjera, nacido al amparo del éxito del mundial disputado dos años antes en Argentina, se hizo por dos razones fundamentales. La primera fue tapar el fracaso que sufrió Uruguay no obteniendo su clasificación al mundial de Argentina 1978 siendo el segundo motivo pura y exclusivamente pecuniario. El torneo fue mostrado al régimen como una oportunidad de ganar dinero y publicidad para legitimarse tanto en el país como a los ojos del resto del mundo, en un año 1980 crucial para el destino de la dictadura encabezada por Aparicio Méndez. Washington Cataldi, presidente de Peñarol, fue uno de los grandes impulsores del torneo, cuyo formato vio la luz en un club nocturno de Zurich. A raíz de esto hubo un sinfín de reuniones para terminar de darle forma al evento con Madrid como epicentro de las mismas y con un nombre en común en casi todas ellas, el de Henry Kissinger secretario de estado norteamericano e ideólogo de la Escuela de las Américas, espacio donde se formaron todos los dictadores sudamericanos de la época. Kissinger seria el encargado de que el torneo sirviera como plataforma de lanzamiento a la dictadura para su legitimación, en un año crucial para Uruguay que como pueblo se enfrentaba a un plebiscito popular que los legitimara, con el fin de poder abolir la constitución de 1967 de manera explicita, puesto que desde 1973, año en el que lo militares toman el poder, no se aplica la misma.

Según se acercaba el torneo, iba aumentando la publicidad que daba el régimen al torneo. ¿Qué mejor reclamo para terminar de legitimar la dictadura que tener en el país jugando a Rumenigge, Maradona, Sócrates …, un torneo oficial auspiciado por la F.I.F.A?. Esto pensaron Méndez y compañía, absolutamente confiados en su victoria en el plebiscito al que se someterían treinta días antes del inicio del Mundialito, tenían tanta confianza los militares en su victoria que ni pensaron en la posibilidad del fraude electoral, hecho que a la larga junto al error de poner a un civil (Washington Cataldi) al mando de la organización del torneo les acabo costando caro como posteriormente se comprobara. Mientras se acercaba la fecha del plebiscito, todo en Uruguay o casi todo lo no relacionado con el mismo giraba alrededor del torneo el cual fue publicitado fuertemente por el diario El País.

Foto: seleccionuruguayadefutbol.com

Foto: seleccionuruguayadefutbol.com

Entre bambalinas, el torneo no daba más que problemas a todos, con el riesgo de que los tupamaros, una guerrilla urbana de ideas radicales de izquierdas, volvieran a escena durante el torneo. Cataldi, la cabeza visible de la organización del torneo, encontró las garantías económicas para la celebración del mismo en un empresario griego, Angelo Vulgaris, que obtuvo su dinero mediante la exportación de carne a países africanos. A cambio de estas garantías, se le prometieron plenos poderes, para por ejemplo vender los derechos audiovisuales del torneo, solo que todas las partes olvidaron a la O.T.I (Organización de Televisión Iberoamericana), que era la tenedora en exclusiva de estos mismos derechos audiovisuales pero del Mundial de España 1982. Cuando todos fueron a negociar con la O.T.I. se encontraron una respuesta muy cruda: o les cedían esos derechos o no habría imágenes de la copa del mundo de 1982 para quien diera el torneo.

Mientras se solucionaba el embrollo televisivo, seguían surgiendo los problemas en torno al torneo. En esta ocasión Inglaterra se cayo del cartel de selecciones invitadas al torneo (todas las campeonas del mundo) teniendo que ser sustituida por Holanda, finalista del ultimo mundial. Finalmente y con ayuda de Artemio Franchi, presidente de U.E.F.A, Cataldi encontró a poco más de una semana del inicio del torneo, en la persona de Silvio Berlusconi, un empresario de la comunicación con ganas de dar un impulso a su negocio televisivo, al comprador de los derechos audiovisuales del torneo tras depositar el italiano 3,25 millones de dólares al contado.

Encauzada la organización del certamen, con gran éxito tanto en lo organizativo a pesar de que poco antes de la apertura del torneo quedaban bastantes entradas por vender, como en lo estrictamente deportivo, ocurrió lo que nadie esperaba. Tras el rotundo y sorpresivo fracaso que sufrieron los acólitos de la dictadura con los resultados del plebiscito, de hecho días antes las encuestas daban un 60% a favor del SÍ a la reforma constitucional del régimen, lo que ocurrió fue que el pueblo mostró su repudio a la dictadura de forma mayoritaria (catorce puntos de diferencia). Llamativo fue el caso de Montevideo donde el NO obtuvo seis puntos más que los resultados finales en todo el país, encendiéndose la mecha de la traca final que explotaría un mes después. Los esfuerzos del régimen por controlar hasta el más mínimo detalle con la ayuda de la F.I.F.A, por mucho que su presidente en aquel año Joao Havelange lo niegue, resultaron baldíos. En el pueblo, a pesar del ferviente apoyo que dio a su selección a lo largo del torneo, era conmovedor escuchar a todo el estadio gritar “Tiranos temblad” cuando empezaban a sonar los acordes del himno uruguayo. No olvido su realidad y exploto.

Foto: storiedicalcio.com

Foto: storiedicalcio.com

Con la victoria en la final muy bien encaminada, tras el gol de Waldemar Victorino a diez minutos de la conclusión que ponía el 2-1 que fue a la postre definitivo, el pueblo definitivamente explotó, espoleados por la derrota de los militares en la votación celebrada hace un mes, al calor del éxito de su selección, todo el pueblo uruguayo cantó sin cesar: “Se va acabar, se va acabar, la dictadura militar”, luchando por su libertad y dejando a todas las personalidades allí presentes atónitas. En primera instancia la banda de música quiso acallar al gentío, pero el mismísimo Aparicio Méndez les ordeno parar para no inflamar aun más los ánimos de un pueblo, que dio una lección magistral de cómo luchar por sus derechos sin dejar de lado a aquellos que les defendían en el césped.

Aunque parezca paradójico, aquello no significó el fin de la dictadura. La represión existente se recrudeció sobre todo en las universidades uruguayas en una tremenda caza de todo aquel cercano a la izquierda, sin embargo además de una celebración de algo que un mes antes no pudo ser festejado fue el inicio del fin del régimen de Méndez, quien abandonó definitivamente el poder en 1985.

Foto: centenario2030.com

Foto: centenario2030.com

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