Miguel Hernández: la pureza del fútbol

(Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, 1910 – Alicante,  1942) poeta  y dramaturgo de especial relevancia en la literatura española.).

(Pablo Neruda– poeta chileno y Premio Nobel: “Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor”).

Como a tantos de nosotros, a Miguel le gustaba quedar con los colegas del barrio para dar unas patadas, echarse unas risas y luego tomar algo. La sobremesa del partido, el tercer tiempo como atinadamente lo denominan los aficionados al rugby, fue el motivo del nombre del equipo: La Repartiora.

El equipo titular de "La Repartidora" era: El Mella, Rosendo Mas, Sapli, Manolé, El Botella, Rafalla, Gavira, El Habichuela, Paná, Meno y El Barbacha (Miguel Hernández). Y los suplentes eran Pepe, Paco y José María. Miguel Hernández es el segundo de la derecha, en la primera fila

El equipo titular de “La Repartidora” era: El Mella, Rosendo Mas, Sapli, Manolé, El Botella, Rafalla, Gavira, El Habichuela, Paná, Meno y El Barbacha (Miguel Hernández). Y los suplentes eran Pepe, Paco y José María. Miguel Hernández es el segundo de la derecha, en la primera fila

En El Eco Hernandiano, Rosendo Mas, amigo de Miguel Hernández recuerda el porqué del nombre:

“Lo llamamos así ya que cada uno traía una cosa y la repartíamos entre todos. La mayoría, trabajaban en el campo y venían con naranjas, alcaciles u otros comestibles. Éramos muy amigos todos y jugábamos contra otros equipos de otros barrios de Orihuela.”.

Pérez Álvarez le dará a la justificación del nombre un sesgo menos solidario y más politizado: “En Orihuela los pobres ironizaban a costa de las derechas, pues según éstas, si venía el comunismo, todo sería repartido, bicicleta, vacas, cerdos, huertos e incluso las mujeres…”.

Miguel, que jugaba de extremo derecho, era apodado por sus socarrones compañeros como “el barbacha” (clase de caracol pequeño), por la lentitud de su juego. Yo prefiero pensar, ya que no hay videos que lo desmientan, que era un fino estilista que se recreaba en su juego, una suerte de Paco Gento pero en diferido…

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La contribución de Miguel a la literatura del fútbol, ya que parece que futbolista no debió de ser un portento, se basa en un ingenuo y divertido remedo de Por la Calle de Alcalá“, de Las Leandras (les dejo a ustedes que pongan la música…):

Vencedora surgirá/ porque lo ha mandado el “Pa”
la terrible y colosal Repartiora.
Por las calles marchará/ y el buen vino beberá
porque siempre victoriosa surgirá.

(…)

Ya la Repartiora/ vence con gran poder,
mientras que el otro llora/por no poder vencer.
Salta ya Paná/ brilla el moscatel,
que el vinillo está/ que parece miel.

Otra de sus aportaciones es una divertida cancioncilla titulada “Ni el Iberia ni los Yankes” en la que se burlaba de sus eternos rivales: Los Yankes, equipo compuesto por jóvenes burgueses, y El Iberia, sus vecinos de La Acequia. La letra está aderezada por el mítico chotis de “El Pichi” ( de nuevo póngale imaginación):

Nadie/desde ahora en adelante,
ni el “Iberia” ni los “Yankes”/ ni con su líneas de ataque
han de poder combatirnos.

(…)

Hurra los repartidores,/ los mayores jugadores,
además de bebedores, / en Madrid como en Dolores,
en el campo ha visto usted.
Tráiganos ya,/ para chutar
y “pa” marcar/ el primer gol.
Pero su contribución mejor y más recordada poema la elegía al portero Lolo (1931), supuestamente muerto en el estadio durante un partido de su equipo, el Orihuela, al que compara con el portero del cielo: “A Lolo, sampedro joven en la portería del cielo de Orihuela”; el poema tiene su punto central en la trágica estirada del pobre Lolo ejecuta para salvar un gol a la salida de un córner, con tan mala suerte que golpea su cabeza con el poste de la portería. En el poema Lolo fallece a consecuencia del fatídico lance, aunque, todo hay que decirlo, parece que en realidad la cosa quedó en unos cuantos puntos de sutura…

El poema se compone de ochenta y cinco versos organizados en liras a la manera de Garcilaso, vamos muy currado, con estructura organizada en tres partes: de lamento, elogio de su figura y evocación del dolor. Y la verdad es que contiene versos memorables:

Elegía al guardameta
(…) árbitro, domador de jugadores,/(…) ¿no silbará la muerte por ventura?/ (…) para siempre quedó fuera del juego/sampedro, el apostado/ en su puerta de cáñamo añudado. / Te sorprendió el fotógrafo en el momento/ más bello de tu historia/ deportiva, tumbándote en el viento/ para evitar victoria,/ (…) Y te quedaste en la fotografía,/ (…)

con tu vida mejor en vilo, en vía/ ya de tu muerte triste,/ sin coger el balón que ya cogiste./ (…) porque nadie ha cubierto/el sitio, vivo, que has dejado, muerto./ (…).

El fútbol y Miguel Hernández en estado puro: reunión, camaradería, diversión, bromas, tragedia… como la vida misma. Así que háganse un favor, y llamen a sus amigos para quedar a echar una pachanga, que al final el resultado siempre será lo de menos.

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Carlos Rodrigo

 

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